Sentires, desde mis tripas.

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Bajé afligida del microbús

En el tercer transporte de regreso a casa iba sentada alerta a todo lo que subiera al microbús, un chico con audífonos que venía cerca del conductor movía su cabeza al compás de lo que su celular sonaba, con cara de fastidio mira el celular y contesta una llamada… era inevitable no escucharle, siempre se alza la voz al llevar audífonos.

Con una voz apesadumbrada contestaba a lo que supuse es su novia:

“no manches, vengo en el pinche transporte y de pie, todo el día estuve parado en la isla y no inventes no esto y de humor todo el día metido en ese puto trabajo de mierda, no sabes cómo es…

bueno sí también pero no se compara con el mío…

ay sí yo también te quiero ver te extraño mucho y el domingo que nos vimos…

ah sí el lunes, ¡mira! ¡Ves! Ya ni sé qué día vivo, te digo que esta de la verch y luego para la chingaderita que pagan o sea, no es posible que tenga que sufrir todo esto…

y luego para colmo me estoy quedando sin datos es que no sabes, o sea, pinche gente porqué acepta planes de datos tan limitados, o sea nos toca como de a cinco megas por cabeza y luego estos cuates con los que vivo no tienen un internet normal y no manches yo no voy a pagar por más ya no voy a ver nada en casa así que mándame msg o me llamas porque no voy a seguir gastando…

bueno, no eres tú claro que te extraño, pero entiéndeme, es más mira, me invito fulano a la fiesta de XV de su sobrina y él me cae muy buen, algo puede salir de allí y a la sobrina le caí muy bien porque le ayude en unas cosas entonces tengo que fomentar esa amistad ya sabes pero putamadre! Es el mismo día de la comida de navidad de los de la isla y ni modo que no vaya o sea también quiero ir porque pues tengo que ir y o sea no creas que está chico me siento bien comprometido, pero también bien presionado no puedo con todo no mams y además ya no tengo tanto en la despensa estos cuates ni invitan nada y yo tengo que gastar mi comida, esto no es vida sino fuera por ti…

si bebé lo sé, pero tu también entiéndeme no puedo con todo, o sea si te voy a ver ahorita me quedo sin el pasaje de regreso o no podré comer…

ay sí pero ni modo de que siempre que te voy a ver me traiga algo para la semana tampoco está chido o sea sí me ayuda pero no inventes…

no puede ser o sea que puta vida, nada se puede, todo está caro hace tres meses que no puedo comprarme ni un par de tenis y luego tu te pones intensa o sea, todos me presionan…. Pues sí, pero se supone que tú me debes calmar no presionar, neta que estoy a dos de renunciar al puto trabajo, pero y los otros también están bien culeros y…

nel ya te dije que no voy a regresar a ese hasta que me pidan perdón, o sea, si lo necesito, pero también tengo dignidad, me cae que es estúpido que me lo digas zutana ni parece que me quisieras…

nel me voy a mi casa a ver si alguien ya compró jabón para lavar mi ropa es que no manches yo lo compré la otra vez y nadie quiere poner.

¡ah! y no te dije que quieren hacer intercambio y tampoco me alcanza o sea te digo que puto trabajo de mierda no me alcanza para nada ni sé porque estoy allí y mejor ni lo pienso porque neta veo a ver quién me invita un trago porque neta que ya no puedo…

nel ya te dije que no me conviene ir a tu casa…

neta si te vas a poner así mejor ya no te voy a llamar (sollozo) eres mi novia y me tienes que apoyar como yo lo hago cuando tu tienes pedos”.

 

Pienso en todo y en nada, ¡cuánta presión! para el chico,  entre el miserable sueldo que tiene, la presión por ser diciembre donde todos se tienen que amar y limar aspereza y etc., una novia que sí le “aguanta” pero que no se pone en su lugar de ser sufriente, en vivir independientemente de sus padres, pero dependiente de los compañeros de cuarto. En una ciudad que el costo en verdad no deja independizarse bien, así sin pedirle a nadie y menos en un departamento si acaso una viviendita, claro entre más lejos más barato, perder la vida en el traslado tampoco está lindo, no es nada tentador, será por eso que ahora los chicos les cuesta más trabajo salir de casa de los padres, sí es la comodidad, y la realidad, es que no alcanza y menos si se trabaja honradamente.

AleskaHadaVerde
diciembre 2019

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El acoso, aunque sea de caricatura

Me causó gracia, aunque es una caricatura y bueno el coyote también perseguía al correcaminos, eso también es acoso.

Se está/ba (antes) tan habituado a ciertas cosas que ahora, en el siglo XXI sabemos no son ‘normales’ no deberían o tendrían que ser así. (abuso, violencia, ‘apechugamiento’, etc.), con eso de los sentidos de inclusión, exclusión y demás.

En mi particular opinión, el mexicano abusa del chiste, del momento, no siempre creo que sea por miedo, somos cabrones, lo traemos en la sangre, bueno no todos, porque no me considero cabrona, de esas que se salen con la suya, generalmente me tengo que pagar todo, no sé abusar, vivo de lo que trabajo, no sé pedir como mis compañeras desde la primaria eran vivillas, “sacaban” para los helados, los dulces, después supe que era porque se dejaban tocar las piernas… ahora con la tecnología se siguen burlando de todos, o nos seguimos… solo que ahora los hacen memes…y nos divierten, a algunos les ofende otros les da igual, algunos son su única manera de ‘comunicarse’ de hacerse presentes, saber que existen, porque sino por qué los firman ¿o no?

Esta in-cultura la aprendimos, copiamos, repetimos, mamamos -casi nos educamos- con la televisión, en blanco y negro al principio, -soy del 1971- lo visto en el día a día, en la calle…

Era tan normal: el olor a mariguana durante las madrugadas porque los vecinos les gustaba estar cerca de la ventana que daba al traspatio; eran tan normal que las primas –no las mías, aclaro– se pelearan, literal, por un tipejo e intercambiaran novios nomás para ‘caldear, fajar, sabrosear’… era normal esconder a los rateros, vendedores de droga y demás delincuentes porque eran de la familia, porque eran aún jóvenes y apenas estaban aprendiendo el bisne –nosotros éramos inquilinos– era tan normal que entre concuñas se compartieran al cuñado cuando el marido de cada una andaba fuera, también dentro de la normalidad era apechugar por ser mujer, que se le hiciera menos porque seguro que por puta la habían echado de la casa, o por huevona, aunque fuera la que trajera el sustento al hogar porque el borracho del marido se gastaba el sueldo en las chelas y la mota los sábados después de la obra.

En las pláticas de los mayores, esas que no debía, que no debí haber escuchado, de esas donde me corrían, cuando se daban cuenta de mi presencia, se hablaba de cómo debían dar las nalgas si se requería de un buen puesto pues tenías que andar de puta –por muchos años ser secretaria era sinónimo de puta, porque generalmente salían con el jefe, aquí dudo de ser buena secretaria o de tener malos jefes– si se deseaba una buena vida, más fácil, en mi hoy, aun no le veo lo fácil, neta que no.

Tener un auto nuevo, vestir a la moda, cosas de marca, comprar en el liverpool era para los que tenían, para los que robaban, jamás escuché decir a alguien que era por su trabajo honrado, ya en esas épocas me preguntaba para qué servía ser honesto, –hace poco en una crisis existencial, de esas que me dan cuando me percato de que las compañeras se dejan invitar a cenar, apechugan y terminan con título de asistente y mejor calidad de vida– ah me perdí, oh sí esto de la honestidad, para qué servía, si se vivía en una vecindad y no en una casa propia… después me enteré que solo era pantalla de las doñitas y su prole, y sí sirve para tener hermosos e intachables 25 años de labor.

Cohabito con gente que sobrevivió en esas vecindades que pintan en las películas y que ahora son departamentos que no tienen nada que ver con esos cuartuchos y la forma hacinada de vivir –físicamente hablando– pero que en sus cabezas aún existe y se niegan a adaptarse, pelean por seguir sobreviviendo aunque ya no comparten el baño con las otras 20 familias, creo que eso no les motiva a ser mejores.

Pero inicié el texto por la caricatura, sí, es verdad que hay que ‘aflojar’ para tener un gran puesto, la promesa de un algo mejor, a costa de lo que sea, en hombres también se da pero obvio su machismo les impide aceptarlo, cómo creen, dónde quedaría su hombría, sí esa que tienen en los genitales, en medio de las nalgas… yo les llamo arribistas, allí es cuando vuelve a surgir mi duda en que sí, tal vez sí es fácil dejar que abusen del cuerpo, de lo que sea con tal de tener un mejor sueldo, una mejor calidad de vida, en lo que el cuerpo aguanta, en lo que llega alguien más barato, o “más mejor” depende de las necesidades del patrocinador.

Lo vemos en las caricaturas de antaño, las de ahora no las veo, no se me antoja y ni tiempo. Siempre ha existido el trueque, con el cuerpo, porque siguen inculcandonos que lo valioso de la persona es lo que está entre las piernas. El meme hace referencia a una no denuncia, sino el llamar a las cosas por su nombre, “el acoso” –entre famosos creo que es lo peor para su currículum– el tener que ceder y que cada quien puede ascender con lo que tenga, con lo que quiera sacrificar o será ¿invertir? y aun con ello, cuando dices no, es un no, un ya no quiero que sigas abusando y no respetan la decisión del otro, te violentan porque el que paga manda, es allí donde el poder del mecenas hace valer al forzar, violentar al otro, eso es romper ese “contrato implícito –secreto–” que en un inicio se tenía, y eso es lo que no se vale, tomar a la fuerza, acosar, violar, deshonrar a la persona, al humano.

Échenle una leída a “El acoso moral: el maltrato psicológico en la vida cotidiana. Marie-France Hirigoyen, y entenderán el hostigamiento, la persecución en el trabajo, en la pareja, en la familia.

 

 

 

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