Sentires, desde mis tripas.

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Recuerdos e inhabilidad social

El ‘Zapatero’ no era sociable y quienes le conocían dirán que no es cierto, era amable, sonriente de pronto le salía lo comediante y decía algunos chascarrillos, aunque no le gustaban los chistes, otros estaba con su jeta, bueno creo que esa la guardaba para cuando ya se lo estaba cargando el payaso.

Fueron contadas las ocasiones en que nos llevó a fiestas de los hijos de sus pocos amigos, de esos amigos de verdad, no de esos traga cuando hay. En ese entonces, bueno, aun en algunas colonias de este México se sigue la maldita “tradición” de empedarse en las fiestas infantiles, los medio decentes esperan a que hayan ido los niños, en fin. Sí le gustaba convivir con sus amigos, con algunos familiares, no era de reunirnos cada semana, la verdad no recuerdo la frecuencia pero, ahora que lo escribo y con conciencia plena puedo decir así también soy yo, hacer lo mismo cada bendita semana de reunirse en casa de algún familiar y hacer la carnita asada y esas cosas que ahora se estilan.

Me llega el recuerdo de las pocas reuniones a las que le era fiel, como cuando íbamos al desierto de los leones con el tío Polo, no sé si hacía una excepción pero sé que se la pasaba muy bien,  nos llevaba a Toluca con el Tío Bardo o la tía Patrocionia, a la playa o al rancho en los cerritos, éramos muy niños.

Lo que sí es que preparaba una comilona los domingos que estaba de buen humor, ya fuera unas tripas que hasta el cebo podrías lamer u otra carne, chispas solo recuerdo las tripas. La SraBonita le ayudaba a preparar las otras salsas, él hacía la suya con tomatillo y chiles serranos o de árbol verde asados al comal y en molcajete, su carne asada que previamente secaba al sol no sin antes haberla marinado en jugo de naranja, bistec, longaniza, nopales, cebollas todo al comal. Eran días de gloria, de comer hasta hartarse. Toda la casa olía a manteca de esa buena, no la requemada que ahora usan.

Pero porqué me llegó este recuerdo… creo por esta parte del convivir, de la inhabilidad social que ahora se ha hecho más visible para mí, por los talleres que tomo, de esto de practicar para escribir bien, el leer y leer en la licenciatura, quizás la terapia está haciendo lo suyo y se están abriendo los archiveros o porque tendremos una reunión el fin de semana con los primos por parte de la familia paterna hace años que nos dejamos de frecuentar, porque ellos conocieron a mi padre, porque sé que será tema de alguna conversación, de mi parte, espero que no se me terminen los temas y tenga que recurrir al ‘Zapatero’ para que me salve.

No, no soy como mi padre, no soy mi padre, me dejó tantas cosas que aun sigo desmenuzando ese mundo que dejó así nomás, parece que le escucho “aquí no divierten nada, me voy”.

 

 

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El acoso, aunque sea de caricatura

Me causó gracia, aunque es una caricatura y bueno el coyote también perseguía al correcaminos, eso también es acoso.

Se está/ba (antes) tan habituado a ciertas cosas que ahora, en el siglo XXI sabemos no son ‘normales’ no deberían o tendrían que ser así. (abuso, violencia, ‘apechugamiento’, etc.), con eso de los sentidos de inclusión, exclusión y demás.

En mi particular opinión, el mexicano abusa del chiste, del momento, no siempre creo que sea por miedo, somos cabrones, lo traemos en la sangre, bueno no todos, porque no me considero cabrona, de esas que se salen con la suya, generalmente me tengo que pagar todo, no sé abusar, vivo de lo que trabajo, no sé pedir como mis compañeras desde la primaria eran vivillas, “sacaban” para los helados, los dulces, después supe que era porque se dejaban tocar las piernas… ahora con la tecnología se siguen burlando de todos, o nos seguimos… solo que ahora los hacen memes…y nos divierten, a algunos les ofende otros les da igual, algunos son su única manera de ‘comunicarse’ de hacerse presentes, saber que existen, porque sino por qué los firman ¿o no?

Esta in-cultura la aprendimos, copiamos, repetimos, mamamos -casi nos educamos- con la televisión, en blanco y negro al principio, -soy del 1971- lo visto en el día a día, en la calle…

Era tan normal: el olor a mariguana durante las madrugadas porque los vecinos les gustaba estar cerca de la ventana que daba al traspatio; eran tan normal que las primas –no las mías, aclaro– se pelearan, literal, por un tipejo e intercambiaran novios nomás para ‘caldear, fajar, sabrosear’… era normal esconder a los rateros, vendedores de droga y demás delincuentes porque eran de la familia, porque eran aún jóvenes y apenas estaban aprendiendo el bisne –nosotros éramos inquilinos– era tan normal que entre concuñas se compartieran al cuñado cuando el marido de cada una andaba fuera, también dentro de la normalidad era apechugar por ser mujer, que se le hiciera menos porque seguro que por puta la habían echado de la casa, o por huevona, aunque fuera la que trajera el sustento al hogar porque el borracho del marido se gastaba el sueldo en las chelas y la mota los sábados después de la obra.

En las pláticas de los mayores, esas que no debía, que no debí haber escuchado, de esas donde me corrían, cuando se daban cuenta de mi presencia, se hablaba de cómo debían dar las nalgas si se requería de un buen puesto pues tenías que andar de puta –por muchos años ser secretaria era sinónimo de puta, porque generalmente salían con el jefe, aquí dudo de ser buena secretaria o de tener malos jefes– si se deseaba una buena vida, más fácil, en mi hoy, aun no le veo lo fácil, neta que no.

Tener un auto nuevo, vestir a la moda, cosas de marca, comprar en el liverpool era para los que tenían, para los que robaban, jamás escuché decir a alguien que era por su trabajo honrado, ya en esas épocas me preguntaba para qué servía ser honesto, –hace poco en una crisis existencial, de esas que me dan cuando me percato de que las compañeras se dejan invitar a cenar, apechugan y terminan con título de asistente y mejor calidad de vida– ah me perdí, oh sí esto de la honestidad, para qué servía, si se vivía en una vecindad y no en una casa propia… después me enteré que solo era pantalla de las doñitas y su prole, y sí sirve para tener hermosos e intachables 25 años de labor.

Cohabito con gente que sobrevivió en esas vecindades que pintan en las películas y que ahora son departamentos que no tienen nada que ver con esos cuartuchos y la forma hacinada de vivir –físicamente hablando– pero que en sus cabezas aún existe y se niegan a adaptarse, pelean por seguir sobreviviendo aunque ya no comparten el baño con las otras 20 familias, creo que eso no les motiva a ser mejores.

Pero inicié el texto por la caricatura, sí, es verdad que hay que ‘aflojar’ para tener un gran puesto, la promesa de un algo mejor, a costa de lo que sea, en hombres también se da pero obvio su machismo les impide aceptarlo, cómo creen, dónde quedaría su hombría, sí esa que tienen en los genitales, en medio de las nalgas… yo les llamo arribistas, allí es cuando vuelve a surgir mi duda en que sí, tal vez sí es fácil dejar que abusen del cuerpo, de lo que sea con tal de tener un mejor sueldo, una mejor calidad de vida, en lo que el cuerpo aguanta, en lo que llega alguien más barato, o “más mejor” depende de las necesidades del patrocinador.

Lo vemos en las caricaturas de antaño, las de ahora no las veo, no se me antoja y ni tiempo. Siempre ha existido el trueque, con el cuerpo, porque siguen inculcandonos que lo valioso de la persona es lo que está entre las piernas. El meme hace referencia a una no denuncia, sino el llamar a las cosas por su nombre, “el acoso” –entre famosos creo que es lo peor para su currículum– el tener que ceder y que cada quien puede ascender con lo que tenga, con lo que quiera sacrificar o será ¿invertir? y aun con ello, cuando dices no, es un no, un ya no quiero que sigas abusando y no respetan la decisión del otro, te violentan porque el que paga manda, es allí donde el poder del mecenas hace valer al forzar, violentar al otro, eso es romper ese “contrato implícito –secreto–” que en un inicio se tenía, y eso es lo que no se vale, tomar a la fuerza, acosar, violar, deshonrar a la persona, al humano.

Échenle una leída a “El acoso moral: el maltrato psicológico en la vida cotidiana. Marie-France Hirigoyen, y entenderán el hostigamiento, la persecución en el trabajo, en la pareja, en la familia.

 

 

 

textoso invitado

a través de Archivo muerto

Reflexionando sobre este Mexiquito

Recordando los trabajos del Dr. Luis Féder como el psicogenoma de la violencia humana y los hijos no deseados, me surge la pregunta de, si todos los que arremeten abusando de su puesto, posición, poder -como quieran llamarle- en particular de los policías, judas, madrinas, rateros, ladrones, microbuceros, y todo aquel que hace desmán, acaso serán malparidos, hijos del ‘chilazo’ como se les dice vulgarmente en ese mexiquito, de esos que se supone D-os mandó, de esos que tiran, abandonan y niegan.

La violencia engendra violencia, los habitantes de este México y del mexiquito que muchos niegan están… estamos más que enojados y a la espera de cualquier momento de provocación para responder, son años de acumulación de frustraciones, desengaños, desilusiones y esas, también se heredan, esa furia contenida tantos siglos hoy esta presente y a nivel mundial, no solo es este país, en el que sobrevivo, donde muchos cohabitamos, donde pocos hacen conciencia.

No solo es despertar, es hacerse consciente de uno mismo, las responsabilidades que adquirimos al ser ciudadanos, de la corresponsabilidad de eso que se llama gobierno, de eso que la revolución y la independencia dejaron… no sé donde yo ya no lo ví, eso es lo que hay que recuperar no solo es de allá también es de acá.

Ante tanta tecnología nos estamos haciendo menos humanos, menos sensibles.

AleskaHadaVerde

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