Sentires, desde mis tripas.

A medida que el mundo evoluciona, algunos de nosotros tratamos de seguirle el paso y en la travesía vamos extraviando la esencia del ser.

En noviembre del 2011 fue la fiesta de la colonia que cohabito, San Francisco Cuautlalpan, la cual está registrada como pueblo aun cuando hace esquina con el D.F., donde veneran a San Martín de Porres.

Hace mucho que veo y siento la celebración gris, de flojera, de cierto modo ha dejado de ser la tan esperada fiesta.

En esta iglesia a la que ahora se empeñan en llamar templo, ha tenido 4 párrocos y 2 adjuntos en 30 años. Este año se notó mucho más la desorganización del patronato, soy un feligrés irregular y aun así coopero cuando de ayudar se trata.

En este día las misas son mucho más caras de lo habitual, aunque ya se estila hacerlas comunitarias, el día de la fiesta del Santo se hacen de todas; bautizos, confirmación, primera comunión y bodas, todas ellas comunitarias.

Hoy hubo banda de viento, mariachi, estudiantinas y hasta procesión con el Santo, no recuerdo que esto se haya hecho años atrás.

La juegos mecánicos, que ahora va dirigida prácticamente a los niños y adolescentes, constaba de remolinos, corona, carros chocones, rueda de la fortuna, tiro al blanco, dardos, aros, canicas y la pesca con premios cada vez más simples, entre ellos unos conejitos enjaulados, por cierto, qué les ha dado por premiar con conejos ¿habrá sobrepoblación?

La vendimia: Los antojitos mexicanos pambazos, flautas, tostadas, tacos, mezclados con pizzas, hamburguesas, hochos, banderillas, hot cakes, plátanos fritos, papas a la francesa, buñuelos parecidos a los comerciales en versión jumbo, los tradicionales solo que, de tan estirados quedan transparentes que a la hora de sumergirlos en el caldo -porque no es miel- de piloncillo se desbaratan, y luego el intento de atole blanco, los elotes y esquites, los panes de pueblo. Y ahora con demasiados puestos de cervezas con versión michelada y gomichela y solo uno de jarritos.

Huevos rellenos de confeti y harina, las horribles espumas, el vendedor de las pestañas y bigotes, antifaces, los gorros de hada, sombreros y diademas multicolores, que ahora prenden.

Ya entrada la noche, a eso de las 23 horas, creo que muy tarde para los adultos mayores, el tan esperado castillo, muy desangelado lo único diferente a otros años fue en el momento en que se enciende el marco donde se revela el santo, se soltaron confetis de papel metálico.

Algo me hizo falta, sería que a mis 40’s ¿se me acabó el espíritu celebrativo?

Entre la gente no se siente igual, ya no hay esa fraternidad, claro, si tomamos en cuenta que es una colonia populachera donde los intereses y conveniencias están de por medio pues no lo voy a encontrar, si también le sumo que no convivo con esta gente, aun cuando la mayor parte de mi vida he estado aquí.

Día a día se va perdiendo la tradición, el fervor, la pasión, se va haciendo costumbre y se hace nada más por cumplirle al santo, para que no se vaya a enojar y nos castigue, dicen las abuelitas.

Este año 2012, no me anima en nada salir ni a la azotea a mirar el castillo, estoy padeciendo la desorganización y lo codicioso de los colonos que toda la semana pelearon su lugarcito para vender; en la mañana hubo mariachis y por la tarde noche el ruido infernal de la feria y los puestos donde mis vecinos echaban relajo mientras ‘vendían’ y otros más fumaban mota.

Es la madrugada del domingo, esta vez no hubo carteles pegados no sé el programa, pero será parecido al año pasado y descrito arriba; está el mismo párroco, la misma gente que ‘coordina’ que otra vez no se notó nada ese patronato, no hicieron nada para recaudar fondos como otros años, ya imagino el raquítico castillo. De verdad, espero que esta fiesta sí se pierda o al menos no dejen que se pongan los estorbosos de las ferias y mucho menos dejen que los vecinos participen, la mayoría tienen su ‘buenos trabajos’ en el municipio de Naucalpan o son dueños de locales en el mercado de la colonia digo eso si es ser hambreado. Hay modos de celebrar sin estorbar, sin perturbar la paz, a poco no.

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Comentarios en: "Fiesta patronal en la ciudad" (1)

  1. verdaderamente cierto, una gran descripción. Muy buena.

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