Sentires, desde mis tripas.

Hace unos días, camino a mi cita en el IMSS, pensaba en todo lo que quiero hacer, en todo lo que no quiero hacer, en todo lo que disfruto hacer, en los eventos próximos y me topé con el 26 de junio ¡es el homenaje al Dr. Luis Féder!, y se me ilumina la memoria de puro contento! Mi mente echo a andar como por ahí del año de 1993, hace ya 17 años, cuando lo conocí. Un día, el Dr. David López me preguntó qué hacía yo en las tardes después de trabajar para él; nada, le respondí– “te lo pregunto porque el Dr. Féder necesita una secretaria, y de inmediato, dije sí. Y así es como empezó esta nutritiva experiencia y divertida aventura.

Fue así es como a la par -con mis dos jefes- empecé a empaparme más de este espacio de la “psi”.

Uno de los placeres de esta labor es cuando me dictan, ahí es cuando quedo más que cautivada y empiezo a entender cómo todos los títulos de los libros que habitan en su ego-teca, dan sentido a tantas ideas que conforman los muchos escritos, artículos, comentarios y demás textos creativos-científicos, que por cierto, se iba apilando en un escritorio porque ya no había cabida para ellos en los revisteros, libreros y demás lugares por donde pudiese colar una posible publicación.

Con el Dr. Féder me cultivé, me ilustré y hasta me ampollé esa área del cerebro donde se almacena toda esta información, y eso sin contar las ilustrativas cátedras que me daba, cuando cometía yo un error.

El Dr. Luis Féder, sin duda alguna, forma parte de los seis excelentes, médicos, maestros y guías que han moldeado mi vida. Es uno de los cuatro generosos jefes que he tenido en 19 años de trabajar para y con ellos –y no es zalamería eh!

Mi doctor, -Féder- tiene un ojímetro que no le falla. Es cierto que dudó un momento al contratarme. Y aunque la disposición ha sido mi carta de presentación, supongo que durante la entrevista vió en mi esa capacidad de aportar algo más que mis herramientas como simple secretaria comercial. En sus primeras instrucciones me dijo: Por favor trate de no usar perfume de ningún tipo, ni en jabón, ni en crema, porque soy alérgico a los aromas; nada de comer y nada de tomar dentro de la biblioteca; cuando yo empiece a dictar no me interrumpa, porque “ah, no saben ustedes cuantas veces escribí, reescribí y volvía a pasar en limpio artículos enteros en una IBM” ; y ya lo demás lo irá aprendiendo con el tiempo. La verdad, yo me quedé sorprendida con eso de escribir, reescribir y volver a pasar en limpio, pero comprendí que esos eran los procedimientos del doctor.

¿Saben de qué manera me fue instruyendo? A través de favores.

La excelencia de mis jefes viene porque siempre me han pedido las cosas por favor, de buen modo y nunca se olvidan de decir gracias. Aunque no pareciera, a algunos se les olvida que tratan con humanos y no con máquinas.

¡Ah sí, les estaba diciendo de los favores: El Doctor Féder me pedía leer y leer y leer; al principio no entendía porque me ponía a leer tanto, pero como hasta el Dr. López lo hacía, pensaba yo que era parte de trabajar con psicoanalistas. Hace poco me enteré que esto tiene un hombre “biblioterapia”

“¿Ale, por favor puedes leer esto y me dices de que trata? Y era esa lectura lo que le reportaba cuando llegaba a su consultorio; fue así como conocí las palabras y conceptos como tendencia, preconceptología y psicogenética.

Trabajamos muchas veces de tarde-noche, inclusive de madrugada, con dos tazas de café (su preferido taster’s choice). Déjenme decirles que más rico que el café, es que en medio del trabajo -supongo que para dejarme descansar- de pronto surgían sus interesantísimas, muy variadas y casi palpables pláticas anecdóticas. Y pues sí, es en esos aleccionadores momentos en que se proyectaba la imagen más rica e inspiradora que tengo y conservo de él. Es esa biblioteca y son esos momentos los que mi memoria recrea cuando escucho decir “Luis Féder” y de inmediato yo agrego: un gran ser humano, un atento escucha, el atinado consejero, el maestro, el asesor y demás cualidades que no menciono, porque además, él es bien modesto.

Sin que yo tuviera necesidad de recordàrselo, él entendía mi condición de madre soltera y la dinámica de mi hogar, así que permitía que los fines de semana llevara a mi hijo al trabajo. Y aun hoy, mi creaturo recuerda cuando el Dr. Féder le hizo un espacio para él en su caminadora y cómo en una ocasión le puso las secciones amarillas para que las usara de almohada. Así que los sábados llegaba mi hijo a instalarse en “su lugar”, porque además era el único lugar donde él podía moverse a disposición sin alterar el orden que tenía el doctor para con sus libros –¿alguien ha tenido la fortuna de estar allí? Sabrá por que lo digo.

Recibí del doctor constantes y útiles sugerencias de cómo sobrellevar la dinámica en casa. Antes de dar por terminada la jornada laboral con su habitual gentileza preguntaba si quería comentarle algo. Y doctor Féder, hoy debo decirle gracias, todas sus indicaciones, lecciones y amonestaciones, me funcionaron.

Para terminar, comparto con ustedes la “flor torcida y merecida (sic)” que a manera de despedida me dijo el doctor cuando dejé de trabajar con él:

“Mi quería Ale: Admiro hasta dónde has llegado hoy –era el año 1999-. Cuando te conocí dije: Ay no..! qué piedra tan bruta; y mírate ahora: preciosa, llena de facetas y te seguirás puliendo y brillarás mucho más”.

Ahora desde aquí, le pregunto mí querido Dr. Féder:
¿Así o más centelleante me figuró?

¡Gracias por su estar allí Dr. Luis Féder!

Trabajo enviado para leer en el homenaje realizado al Dr. Luis Féder el 26 de junio de 2010 y no admitido por “falta de tiempo”.

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Comentarios en: "Dr. Luis Féder, mi jefe, mi maestro y mi guía." (2)

  1. Armando Yúdico dijo:

    Hola Aleska,

    anoche soñé con el gran hombre, con el Dr. Feder, y tengo tan presente cada momento que describes, todo era especial desde que te abría la puerta Agus, su tan adorada Agus….a veces sonando el piano entre muros…y sin duda como tu lo comentas, una biblioteca que siempre describí como mágica, con sus múltiples obras, siempre muy celoso de ellas y aunque me parecía algunas veces que había cierto desorden…el sabía perfectamente donde estaba lo que quería…me viene ahora el recuerdo del café que mencionas…si seguido nos tomábamos una buena taza…el se mantenía más que despierto…

    Agradezco que hayas compartido tu historia, para mí fue y seguirá siendo igualmente un gran guía en mi vida y pues justamente como te lo mencionaba anteriormente, anoche soñé con el, así es que ahora me uno a tus palabras: ¡Gracias por su estar allí Dr. Luis Féder!

  2. Que gozo leer tu comentario Armando, que compartas eso que viví que formó parte de un fase importante en mi vida, un abrazo afectuoso.

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