Sentires, desde mis tripas.

Pobreza infantil

Quiero volver a ser pobre como cuando pasaba las vacaciones con mis abuelitos,  para comer frijolitos cocidos en olla de barro allí en el fogón y después pasarlos por manteca, y que echen tortillas y de paso me hagan un burrito un con sal y otro con leche de cabra y azúcar, que tenga que recoger tomatillos de las milpas, chilitos de aquellas matas y un xoconostle para que se haga mas salsa allí nomás asaditos en el comal de barro para hacerla martajadita en el molcajete y ahora que si ya desocuparon el metate allí mismo, ir a vender cinco blanquillos e ir por un queso de cabra no le aunque no tenga cuajo y sea de pastilla.

 

Quiero volver a ser pobre y sentarme en la mesa de piedra cubierta de mosaicos multicolores, esas sillas de madera azules, escuchar en el radiecito a Porfirio Cadena el Ojo de Vidrio, oler la leña convertida en brazas calentando el agua para bañarse, escuchar el viento, los animales del corral y a lo lejos la bulla de las demás rancherías disfrutando de ese momento.

 

Correr en el rancho y empanizarme de esa tierra, llenar mis pulmones de ese aire que los primeros días me hacía sentir mareada, tomar de la refrescante agua de botellón que al servirla en esos flóridos vasos se veía turbia y cómo no si era recolectada de la presa, sí de esa lugar donde los animales saciaban su sed después de pastar, agua como esa tengo ganas de probar.

 

Solo tuve dos amigas en ese rancho, aunque ahora se ha perdido el contacto las recuerdo y con agrado.

 

Quiero volver a ser pobre y perderme dos meses a mediados de año, dos semanas al final de año y las veces que se le ocurriera a mi padre llevarnos, compartir esa pobreza que tanto mencionaba mi abuela, porque el pueblo aunque no lejano el camión sólo iba una vez al día,  partía a las siete de la mañana y llegaba a las seis de la tarde. A mi padre tenía por deporte la cacería, así que se salía por la mañana y regresaba con huilotas, ardillas, conejos, una vez regresó con un lince, víboras y codornices, las que mi abuela limpiaba y preparaba con una deliciosa salsa de chiles secos, toda una delicia.

 

Esa fue parte de mi “pobreza” infantil  con los abuelos paternos, allá en Los Cerritos en el poblado de Valle de Santiago, en Guanajuato.

 

Aleska Moreno.

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